Me gustaría decir que todas y cada una de las cosas que hago las hago a conciencia y siendo consciente de cada una de las consecuencias. Pero no es así. Soy imperfecta. Inconsciente. Impaciente. Insoportable. Infantil. Inútil. Inarreglable.
Inigual.





20 de agosto de 2015

Requiem de libertad.

Él le construyó un castillo en el que ella pudiera protegerse. La convirtió en su princesa y la subió a lo más alto de una torre, donde tenía la mejor vista que nade haya podido imaginar, para que pudiera plasmarla en cualquiera de los artes que eligiera. Pero no sabía que ella era arte. Se especializó en poesía, y como buena poeta sufrió. Lloró tinta y sangró versos. Y de sus lamentos nacieron las rimas más bellas que jamás nadie haya podido escuchar. Letra a letra la princesa descubrió que no se sentía más segura en la torre, sino que estaba prisionera en ella; y el que creía su príncipe era en realidad un dragón que la custodiaba. Entonces se hizo música. Y voló libre hecha notas musicales. Nunca paró hasta encontrar un sitio merecedor de mantener sus vibratos. Casi había perdido la esperanza cuando conoció a un joven. Poeta como ella fue. Le vio llorar las lágrimas más amargas y desgarradoras. Y allí decidió montar su hogar, en una de las lágrimas que brotaban del alma del poeta, ahora teñido de una melodía amarga de libertad.

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